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La fruta del tiempo

El olor de las mandarinas - III

El olor de las mandarinas - III Apartó las mantas, mujer cebra rayada por la luz cortada de las persianas, amante religiosa que engulle su propio silencio en las sombras del cuarto y recoge las prendas mientras su víctima duerme o finge dormir. Le perdona la vida igual que a ella se perdona la huída, y gana la calle peldaño a peldaño en descenso por las escaleras de la madrugada. Hacia el frío y un taxi. Hacia el hotel y una cama donde dormirá sola, no sin antes entregarse al rito de la limpieza, ablución posterior a la ceremonia del sexo.
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