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La fruta del tiempo

Las estrellas fugaces

Las estrellas fugaces - I

Las estrellas fugaces - I

Andrzej se llevó la mano al bolsillo de la chaqueta esperando encontrar un paquete de tabaco. Hacía más de dos años que había sustituido los cigarrillos por el cubo de Rubik y más tarde por la cámara fotográfica, pero mirar por el objetivo no le mitigaba la ansiedad de sus pulmones. Entró en un estanco, compró un paquete de tabaco y se sentó en un banco. Se sentía raro. Si fumaba un cigarrillo al llegar a casa Eva lo notaría y le preguntaría la razón por la que había vuelto a fumar. Tal vez, pensaba, por haber descubierto que él ocupaba el espacio con la misma resistencia que ocupaba el tiempo, es decir, ninguna, atravesado por las circunstancias sin ánimo de cambiarlas, tan sólo dejándose desgastar como las rocas de la Costa Brava o las del espigón de la Barceloneta.

Por su parte Eva no había aterrizado del todo. Continuaba en su propio limbo del aeropuerto, pecera donde los altavoces entonaban cantos de sirena.

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Las estrellas fugaces - II

Las estrellas fugaces - II La circunstancial nevada había perdido el esplendor blanco de la novedad y los terrones que resistían en las aceras se habían convertido en madejas de hielo sucio.

Las estrellas fugaces - III

Las estrellas fugaces - III

Hacia finales de enero, cuando acabaron de recoger todas las bombillas que habían iluminado las compras de Navidad, otra plaga se cernió sobre los árboles de Barcelona. De un día para otro brigadas municipales iniciaron la poda. Cintas oficiales y conos de tráfico envolvieron los coches aparcados, avisando de la inminente carnicería de ramas que caería sobre sus carrocerías. Coleccionista de imágenes, fotografiaba los muñones de los árboles que dejaban a su paso los operarios municipales. Algunos ejemplares enfermos eran arrancados y el vacío que dejaban en las aceras era el de obuses que al explotar amputaban miembros de la ciudad.

Los días límpidos del invierno le ofrecían magníficas visiones para su objetivo. Al cabo, las imágenes superpuestas de una y otra ciudad se empezaban a diferenciar. Cracovia pertenecía al pasado y Barcelona al presente. Aquel día Andrzej tiró el paquete de tabaco al suelo sin llegar a abrirlo y decidió que esa misma noche hablaría con Eva del futuro.

 

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Las estrellas fugaces - IV

Las estrellas fugaces - IV

-Lo tengo todo, es cierto.
Tengo una caja donde guardo los pendientes que ya no me pongo.


 

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