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La fruta del tiempo

Icebergs

Icebergs - I

Icebergs - I

Había visto un mapa del mundo impreso en algún país del cono sur. Todo estaba invertido: su costa del mar Báltico caía hacia abajo, y en el lugar donde debería figurar la Antártida descansaba ahora el Polo Norte. Tierra del Fuego, el Cabo de Buena Esperanza y otros nombres evocadores señalaban hacia un sur que marcaba el techo del mundo. Esa mirada diferente de las cosas le dejó hipnotizado, como si los horizontes desconocidos del otro lado del planeta albergaran todavía la posibilidad de hacer las cosas distintas al uso de occidente, un lugar donde, tal vez, se pudiera empezar de nuevo.

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Icebergs - II

Icebergs - II Una y otra vez le pasaba el cigarrillo y Andrzej tenía que recordarle que había sustituido el tabaco por su cubo de colores. Entonces Eva volvía a dar una calada, pero cuando exhalaba el humo era incapaz de descubrir el perfil de sus propios sueños, como un ciego en lo que a su propio destino se refiere.

Icebergs - III

Icebergs - III Un témpano de hielo apareció entonces flotando en la corriente del Vistula. Se estremeció de frío con sólo pensar en su lenta agonía al deshacerse en un agua al límite de los cero grados centígrados, y volvió a rememorar Barcelona, donde el tiempo se le había ofrecido infinito como el mar de sus playas.
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Icebergs - IV

Icebergs - IV Siempre que llegaba en avión a Barcelona recordaba la gran maqueta de Ibertren que su padre había montado para que jugaran ella y sus hermanos. Se volvía niña cada vez que regresaba a casa. Andrzej lo recordaba perfectamente: Eva sonreía en el momento en que el tren de aterrizaje rozó el suelo.
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