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La fruta del tiempo

La ciudad de los plátanos

La ciudad de los plátanos - I

La ciudad de los plátanos - I Eva le había hablado alguna vez de los plátanos que porticaban los bulevares de su ciudad. No se había parado a pensar en lo que esas palabras podían sugerir en la mente de un polaco: Barcelona, ciudad tropical con árboles en las calles de los que se desprendían frutos amarillos y dulces.
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La ciudad de los plátanos - II

La ciudad de los plátanos - II

La semana se anunció con lluvias. El cielo se tapó y no se le volvieron a ver los colores hasta que ya fue demasiado tarde, ya los charcos estaban envenenados de hojas muertas. Mientras los árboles se pelaban, los percheros aumentaban su copa con chaquetas y bufandas de la temporada pasada, sauces de llorosas ramas. Quiso entender entonces por qué a los árboles de Barcelona les llamaban plátanos. Pelados de frío, despojados de sus hojas como piel de unos poemas caducados, dejaban caer sus versos amenazando con hacer resbalar al transeúnte distraído.

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